La iglesia es cuerpo de Cristo: Significado

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En el siguiente artículo definiremos el término la iglesia cuerpo Cristo, tema de gran importancia dentro del cristianismo.

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La iglesia cuerpo de Cristo

La Palabra del Señor nos describe a la iglesia como cuerpo de Cristo. Lo podemos encontrar en varios pasajes de las Escrituras. Entre ellos, el Libro de Romanos, capítulo 12, versículos 4 -5 lo encontramos de la siguiente manera:

“4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función,

así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.”

Somos un cuerpo, el cuerpo de Cristo y Él es la cabeza, tal y como lo podemos encontrar en el libro de Efesios, capítulo 5, versículo 23.

“Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.”

A la luz de las Escrituras encontramos de manera clara que el Señor Jesucristo es la cabeza de la iglesia, es decir, es el que coordina, el que da las órdenes, y su cuerpo que es la iglesia obedece y camina conforme a los propósitos eternos que Él como Salvador le establece. Propósitos que se cumplen en nuestras vidas y traen a ella crecimiento y paz, a la cual también hemos sido llamados.

El cuerpo no tiene potestad sobre sí mismo, no puede funcionar sin la cabeza, de la misma manera, la Iglesia no puede actuar sin Cristo, que es la cabeza de la iglesia.

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Somos uno en Cristo

Como cuerpo de Cristo somos uno en Él. Es decir, caminamos conforme a sus preceptos y unidos. Recalcamos la idea de que el cuerpo no puede andar sin la cabeza ni puede vivir individualizado en sus partes. En otras palabras, no puede las manos andar sin los pies, ni el cuerpo sin la cara, entre otros.

En el Señor, la Iglesia debe estar en unidad, tal como lo podemos leer en 1 a los Corintios, capítulo 12, versículos 11 -24.

Al ser cuerpo, todo lo que pasa a un miembro, afecta a otro,  el  libro de 1 a Corintios, capítulo 12, versículos 25 – 26  expresa:

“25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.”

Basados en el texto anterior la Iglesia debe caminar en unidad, lo que le afecta o duele a un creyente debe afectarnos y dolernos a todos. De igual forma, la alegría de un creyente es la alegría de todos, siempre caminado de la mano con el Maestro que es nuestro guía.

Aunque todos tenemos funciones diferentes dentro del cuerpo de Cristo, todos somos complementos los unos de los otros, andar en amor y unidad es el mandato que nuestro Señor y Amo nos deja.

Como complemento de este interesante tema, te invito a observar el siguiente contenido audiovisual.

La iglesia como cuerpo de Cristo: Una familia

La iglesia cristiana como cuerpo de Cristo establa relaciones empáticas con los otros creyentes, a los cuales consideramos familia, familia, porque somos hermanos. El sacrificio de nuestro Señor Jesús fue por todos, no por un grupo de personas reducido.

Por esta razón, como cuerpo y familia de Cristo, tenemos la tarea de llevar el mensaje de salvación a los que aún no han creído en Él. El Señor nos ha rescatado y nos ha hecho vivir en unidad, en la unidad de su Espíritu, tal como lo establece en su Palabra.

Decimos que al llegar a Cristo encontramos una nueva familia porque al llegar a Él y relacionarnos con su iglesia, nuestras vidas son edificadas. Así como en una familia existen muchos miembros y entre cada uno de ellos existe el amor, la empatía, la solidaridad, la tolerancia, entre otros valores a destacar, así cuando llegamos a Cristo desarrollamos entre su cuerpo el fruto del Espíritu, como no los enseña el libro de Gálatas, capítulo 5, versículos 22 y 26.

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.”

Son estos frutos los que nos permiten como creyentes relacionarnos unos con otros como familia, como la nueva familia que el Señor nos regala al llegar a sus caminos y formar parte del cuerpo de Cristo.

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