Tendencias del comercio internacional en 2020

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Durante el pasado año 2020 se desarrollaron indicios cruciales que pueden darnos un vislumbre del curso del comercio global en toda la siguiente década. Revisaremos aquí varias tendencias del comercio internacional destinadas a dejar su impronta.

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Tendencias de comercio internacional 2020

Es evidente que la mayoría de las tendencias del comercio internacional aquí reseñadas empezaron a armarse bastante antes del comienzo simbólico de esta década en 2020. El mundo desorbitado de las tecnologías, los movimientos geopolíticos de extrema ambición, el cambio climático o las transformaciones referentes al consumo ya estaban allí desde el mismo comienzo del siglo XXI.

Pero el asombrosamente accidentado 2020, pleno de riesgo bélico, emergencias sanitarias y escisiones entre países aliados parece haber dado el pistoletazo de salida en la mente de muchos para evaluar los puntos esenciales que conducirán la economía en los próximos diez años. Más aún, cuando observamos cómo de grandes crisis, surgen oportunidades comerciales antes no imaginadas.

Se abre una década de incertidumbre, adaptación in extremis y expansiones desmesuradas que habitará un lugar muy especial en nuestra historia humana. Nada será igual.  Nuestra manera de intercambiar bienes a nivel mundial habrá cambiado para siempre.

Nuevas tendencias del comercio internacional

Para arrancar este recorrido por las nuevas tendencias del comercio internacional deberemos movernos primero por uno de los grandes factores de hundimientos  y renovaciones en el mundo comercial contemporáneo. Hablamos, por supuesto, del factor tecnológico.

Continúa la revolución digital

Este inicio de la tercera década del siglo XXI nos ha sorprendido con un gran desecamiento de los costes de producción global mediante métodos que aún no considerábamos como núcleo del sistema comercial. Tradicionalmente, la deslocalización o tercerización en países con fácil mano de obra eran las prácticas usuales de una empresa para abaratar sus procesos.

Pero la tecnología es ahora la corriente arrasadora que nivela bruscamente todos los gastos hacia abajo, un resultado favorable con las terribles consecuencias para el empleo de trabajo manual que se puede imaginar. Tampoco hace falta imaginarlo demasiado: durante los albores de la Revolución Industrial se sintieron los mismos estremecimientos sociales, llevados por desesperación popular al ludismo.

Este es un estadio más alto de tal proceso, regido por una automatización generalizada del área de producción. Autorregulación de energía, vigilancia a través de vídeo y sensores, manejo de redes telefónicas, transporte de desechos, levantamiento de cargas, empaquetado, una serie de tareas infinita ha sido trasladada de manos humanas a manos robóticas.

El nivel de especialización requerido para adaptarse a la nueva realidad de las máquinas no ha sido asumible para amplios sectores de la clase trabajadora, lo cual ha generado desplazamientos de grandes consecuencias sociopolíticas. El surgimiento del populismo conservador y nacionalista a nivel masivo tiene parte de su origen en la automatización irreversible de las industrias.

Por otra parte, la propia construcción del contenido se encuentra cada vez más basada en datos generados por algoritmos de Inteligencia Artificial, su almacenamiento se ubica en el depósito etéreo de la nube y su distribución se produce a través de una red de alcance ilimitado.

Todo esto se ejecuta habitualmente en esquemas de asociación mucho más flexibles que la contratación o la compra. Lo cual reduce aún más los costos y permite más inversión experimental en diversas áreas de desarrollo. Esto incrementa también la revolución digital.

Por no mencionar el impulso renovador de las transacciones basadas en la tecnología blockchain, más descentralizadas y dinámicas que el sistema bancario, y las impresoras 3D, cada vez más accesibles y responsables de llevar todo tipo de productos al interesado sin el tiempo y precio de la manufactura. Esto modifica completamente el formato de compras por parte del consumidor y todo el universo comercial, como veremos en seguida.

En este breve vídeo podemos ver en funcionamiento una impresora 3D. Nunca deja de impresionar.

El nuevo rey consumidor

¿Cuál es la principal consecuencia de todas estas posibilidades puestas en bandeja de plata frente al cliente de cualquier producto? Pues que el mercado total cambia de centro.

Si en el pasado todo el flujo de mercancías y servicios se encontraba determinado por la capacidad de producción, ahora, resuelto en gran parte del escenario global este tema por la tecnología, el gran factor determinante es la preferencia del usuario. Directamente, su capacidad de consumir y sus exigencias al hacerlo.

El nuevo poder adquisitivo de este cliente, generado por el mismo desarrollo tecnológico, particularmente en el primer mundo, le habilita para actuar como monarca del sistema mercantil. Puede imponer sus métodos de transacción favoritos,  la velocidad de entrega y los principios éticos que lo animan a la empresa productora. Si una marca no tiene un accionar suficientemente ecológico y comprometido con los Derechos Humanos de sus trabajadores, su clientela puede organizarse entre sí y desaparecer.

De manera que la nueva competitividad entre empresas se sitúa en la lucha por complacer las expectativas del consumidor y de estar disponible para él, ofreciéndole garantías claras de puntualidad y precisión en la entrega. Otro mundo de prioridades.

Explosión de las exportaciones de servicios

Este nuevo sistema de satisfacción clientelar se expandirá notablemente a nivel global gracias a numerosos factores tecnológicos, sociales y naturales, bajo el formato  de exportación de servicios. Si bien el escenario pandémico parece habernos puesto una percepción de suspenso en las actividades económicas mundiales, los grandes cambios se siguen produciendo de forma subrepticia.

Estos cambios consisten en variables que van formando tendencia desde la última década. Algunas ya las conocemos, como el inmenso y recurrente impacto de la tecnología digital. Pero también influyen sobre el mercado las variables climáticas provocadas por el calentamiento global, el acelerado aumento poblacional y el crecimiento de ingresos de países en vías de desarrollo.

¿De qué manera? Los países emergentes se elevan sobre el mercado gracias a la tecnología de redes que, puesta al alcance de todos, nivela en buena medida las desigualdades del pasado. Estos territorios aumentan su capacidad económica tanto para recibir exportación de servicios de calidad (y formar estructuras mixtas) como de generar exportación a su vez con talento local.

La alta demografía genera una demanda importante no contemplada antes, que dará oportunidad a pequeños emprendimientos que nivelen aún más el terreno. Y esta demanda incluirá preocupaciones con respecto a la sustentabilidad ecológica de la industria.

Por tanto, las grandes exportaciones de servicios tendrán que ver con comida saludable, energías renovables, servicios sanitarios, además de transporte, comunicaciones y hotelería, todo con sensibilidad verde. Para dentro de veinte años, se calcula que las exportaciones habrán aumentado un 50%.

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Debilidad de la World Trade Organization

Una consecuencia inmediata de un mercado bullente y horizontal, con muchos países emergentes y corporaciones de nuevo cuño entrando a saco, en posición de tú a tú, con nuevas tecnologías, es el resentimiento de las estructuras institucionales de control.

Súbitamente, los viejos árbitros empiezan a verse incapaces de aplicar sanciones a violadores de normas básicas y resolver disputas entre miembros y empiezan a ser vistos con desdén como organismos oscuros, de extrema lentitud burocrática y a la postre, prescindibles. Tal es la situación de la WTO en este comienzo de década.

Por el bien del comercio global, se podría esperar una suerte de rescate de la institución a partir de una sociedad más amplia, para restituir su autoridad y evitar la parálisis. Sólo así se podrá salvaguardar el libre mercado de la anarquía y la unilateralidad nacionalista.

Una guerra entre aislacionistas

Hablando de unilateralidades, la década actual que ha iniciado entre 2020 y el entrante 2021 ha tenido como protagonistas a los grandes aislacionistas políticos. Desde Brasil y EEUU hasta China, Rusia y Reino Unido, se establece el anhelo por sobrevivir solo, sin cooperaciones de envergadura, de acuerdo a las propias ambiciones y atavismos culturales.

Aunque varias de las administraciones que han liderado este tipo de perspectivas van de salida (el caso Trump es el caso paradigmático) el legado de restricción de importaciones, coerción económica, intervención digital, amenazas propagandísticas y pulseo general entre todos los países, sobre todo entre los que comparten fronteras, se mantendrá en el tiempo. Hará falta mucho esfuerzo para restituir cierto sentido de acuerdo bilateral.

Por lo pronto, dada la experiencia reciente, las empresas deberán dedicarse a explorar alternativas de mercado en caso de que tengan que replegarse ante un golpe estatal de largo alcance. La oposición entre un mundo globalista, mutante, diverso y en red, y las naciones que se aferran severamente a la gloria nacional inflexible, será cruenta y representará una de las grandes guerras comerciales de la tercera década de este siglo.

Hasta aquí esta breve revisión de las tendencias del comercio internacional para los próximos años. Si quieres expandir tus conocimientos acerca del comercio internacional, quizá te sea útil este otro artículo sobre libros de comercio internacional. ¡Sigue el link!

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